Este Barça tiene algo particular. Puede controlar un partido y sufrir por lo menos se lo espera para acabar resolviéndolo en un abrir y cerrar de ojos. En Estambul volvió a probarlo. El aparato de Flick pasó de verse por detrás en el marcador a remontar con una sencillez asombrosa , dirigido por un Lamine Yamal que precisó cinco minutos para revolucionar el encuentro. Ni el infierno del Galatasaray pudo frenar a un Barça que prosigue lanzado.
El rugido del Ali Sami Yen impresionaba, pero los azulgranas salieron tal y como si jugasen en el jardín de su casa. Sin miedo al ámbito y con un Pedri imperial. El canario firmó una sección primera extraordinaria , gobernando el balón y entendiéndose perfectamente con Rodri. El Barça mandaba. Hasta el momento en que el fútbol le recordó que controlar no siempre significa ganar.
En el minuto 28, los blaugranas demandaron un penalti sobre Gordon que el árbitro italiano no apuntó. En la contra, Leão desbordó a Eric García y asistió a Batrakov, cuyo derechazo, tenuemente desviado por Cancelo, superó a Joan García. El 1-0 fue un mazazo. Cinco minutos después, Osimhen cabeceó un córner y Barış envió el balón a la red, aunque el tanto quedó anulado por fuera de juego.
Pero Pedri volvió a soliciar la pelota y el aparato recobró el pulso. Tres minutos antes del reposo , Dani Olmo peleó un balón y lo abrió para Cancelo, que firmó un derechazo cruzado irrealizable para Çakır. El 1-1 hacía justicia al juego azulgrana , si bien también dejaba una observación sobre el riesgo del Galatasaray.
Y tras el reposo apareció Lamine Yamal. Cuando daba la sensación de que no era su noche, precisó cinco minutos para modificarlo todo. Nada más empezar la segunda parte, el de Rocafonda puso con música un centro impecable para que Fermín, de cabeza, firmase el 1-2. De esta forma , en un abrir y cerrar de ojos, el Barça ahora ganaba en Istanbul, pero Lamine no quería parar y tenía ganas de sobra.
Apenas dos minutos después, el extremo azulgrana recibió abierto en la banda, amagó con una rabona, dejó atrás a su marcador con una facilidad insultante y sirvió el balón a Gordon para el 1-3. 2 acciones de genio y el infierno de Estambul se había quedado sin respuestas. El Barça había pasado de padecer a mandar prácticamente sin despeinarse.
Por si acaso alguien necesitaba razonamientos para ubicarlo como ganador del Balón de Oro, Lamine ofreció una demostración en tiempo récord. En apenas cinco minutos se echó el equipo a la espalda y fabricó los 2 goles que dieron la vuelta al partido. Su sección primera prudente quedó reducida a una anécdota.
Un aparato que desquicia al contrincante
Por el hecho de que si algo tiene este Barça es fondo de armario. Antes de la hora de juego, con el encuentro encarrilado pero todavía abierto, Flick movió el banquillo y dio entrada a Gabriel Jesus y Adeyemi. El equipo mantuvo la presión y enfrió el partido hasta el Ali Sami Yen, que había rugido sin descanso , terminó en silencio.
El insaciable Lamine, todavía con ganas de sobra , puso un centro a Gabriel Jesus que el brasileiro no ha podido supervisar , pero Adeyemi apareció para conectar un zurdazo raso y fuerte que supuso el cuarto gol azulgrana. Con el partido sentenciado, el Barça levantó el pie del acelerador y entonces se causó una de las imágenes mucho más sorprendentes de la noche. El Ali Sami Yen, popular por ser uno de los estadios mucho más ruidosos de Europa, empezó a vaciarse. Los apasionados turcos, resignados ante la remontada azulgrana , abandonaban sus asientos mucho antes del pitido final.
Pues así es este Barça de Flick. Un aparato que desquicia a sus rivales. Puedes hacerle daño a lo largo de unos minutos, aun adelantarte en el marcador, pero sabes que tarde o temprano volverá a por ti. Te somete, insiste y solamente necesita cinco minutos de inspiración de uno de sus genios para dejarte fuera de combate. En Estambul, ese genio tuvo nombre y apellidos: Lamine Yamal. Señoras y señores, hay Barça para rato.


